Hay varias malas noticias en la presentación del Plan de Negocios de Petróleos Mexicanos para el periodo 2019-2024. La principal es de forma, pero resulta de fondo: no estuvo en la presentación el nuevo secretario de Hacienda, Arturo Herrera. Las diferencias de Herrera, y antes de Carlos Urzúa y de otros miembros del equipo presidencial, con la política energética es evidente, tanto como lo es el apoyo del presidente López Obrador a la misma. La reacción de los mercados fue transparente: cayó el valor de los bonos de la petrolera, pese a que ayer aumentó el precio del crudo.
Estamos hablando de un proyecto que implica una reducción de la carga fiscal de Pemex de 128 mil millones de pesos e inversiones muy importantes en un momento en el que está en juego la calificación de la deuda de Pemex y, por ende, del propio gobierno de México y donde son muchas las dudas que el propio plan deja sin despejar. La principal es de dónde sacará recursos la Secretaría de Hacienda para compensar esa reducción de la carga fiscal de Pemex: el discurso de cortar la corrupción no alcanza ni remotamente para ello; recortar más el presupuesto, sencillamente, no se puede y tampoco se quiere hacer una reforma fiscal para aumentar la recaudación y mucho menos endeudarse.

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